Thursday, April 3, 2025

La Ética Espectral de la Sintaxis y el Exceso (Ponencia para el Coloquio sobre el libro «Memory Assemblages» por Shajara Bensusan, Abril 3 2025, Universidad de Brasilia)

La siguiente es una corta ponencia presentada en respuesta a la publicación del libro «Memory Assemblages» por Shajara Bensusan y organizado por la UnB.

I. Los restos hauntológicos en la producción-valor/uso de la producción

Quisiera invocar en un primer momento una serie de restos o sumas hauntológicas -como elemento subversivo, recapitulando aquí la formula n+1 que Bensusan al final de su libro replantea a partir de Deleuze y Guattari- dentro del marco de la producción y el valor-uso de la producción en el capitalismo a través de una veta cultural que permite visualizar el sometimiento de la raza negra. En 1890, el artista negro George W. Johnson se convierte en la primera voz negra en ser inscrita/registrada comercialmente con el sencillo fonográfico «The Coon Song», que también es el primer éxito de ventas en el amanecer de la industria discográfica en occidente (usuario: Bayard, 2018).

Este evento de inscripción/registro no es algo menor, ya que las letras de este éxito parten de que George Johnson asume implícitamente su rol como objeto de producción alienado que a su vez reproduce la ideología racial dominante en que la tez negra es un índice de no-sujeto-propiedad, evidenciado a través de una serie de injurias blancas que remiten a dos elementos de análisis presentes en Ferreira da Silva y Bensusan. El primero siendo la onto-epistemología de separación, determinación y secuencialidad que son negadas al sujeto negro como potencialmente autónomo y en donde más bien se encarna como «un cuerpo captivo, incapaz de lograr un yo transparente» (Bensusan, 2025, p. 95). Esta negación a su vez es también aparente en la recuperación de este archivo en donde, siguiendo a Bensusan, como segundo elemento se observa que «la piel negra es un significante que retiene un pasado de haber sido una propiedad» (Bensusan, Ibid, p. 93).

Tanto la no-transparencia del sujeto negro como la recuperación de una inscripción previa que sirve como índice de esta no-transparencia -que es una tachadura o borrón anterior a la subjetividad sin ser un origen- a cualquier adición-suma-inscripción posterior se ve imbricada en las dinámicas de producción de la industria discográfica como reflejo del capitalismo pre-Fordista y también como un archivo inestable -cilindros fonográficos que se desintegran con su uso y que modulan la voz del artista negro en una fantasmagoría irrecuperable como presencia- que sirven para resaltar la corriente subterránea esclavista en los orígenes del capitalismo, que citando a Bensusan nuevamente a través de Ferreira da Silva «…se argumenta que el trabajo forzado -y en últimas el trabajo no-humano de las comunidades produjeron un valor que es significativo y por lo tanto sería un ingrediente crucial en la composición del capital» (Bensusan, 2025, p. 95).

La tesis de que el trabajo forzado, el neocolonialismo y la explotación del no-sujeto negro son piedras angulares del capitalismo -expuestas como una critica a ciertas desconsideraciones etnocéntricas de Marx- es también anteriormente desarrollada por el marxista guaynés Walter Rodney, el cual analiza como el capitalismo de monopolio y por ende los monocultivos que se establecieron en África del Este a finales del Siglo XIX por compañías británicas como Unilever que extraían aceite de palma para sus productos y Cadbury que exigía la producción de cacao para exportación se implementaron como parte crucial del saqueo y subdesarrollo sistemático de África, ejerciendo un continuo esclavista a través de la explotación industrialista de la época cuya base era la mano de obra desposeída, negra (Rodney, 2018). Si recuperamos este continuo esclavista y las reverberaciones del sujeto negro barrado -como archivo desintegrado y en desintegración- que permite sucedáneas adiciones e inscripciones a nivel de producción en el capitalismo, podremos evidenciar también la permanencia de dichas dinámicas en productos de consumo culturales contemporáneos como lo son el funk bruxaria, el plugg, el jerk y el rage en donde la voz blanca adquiere un rostro a nombre de una expresión mientras que el archivo negro que sirve como plano intensivo de individuación de dicha expresión se remite a un ocultamiento mnémico. Citando la interpretación de la artista Elza Soares en la canción «A Carne»: «E esse país vai deixando todo mundo preto/e o pelo esticado/mas mesmo assim/ainda guardo o direito de algum antepassado de cor».

II. Sintaxis y justicia

Con esto en consideración, podemos empezar a revelar el elemento subversivo del principio barrado de la formula n+1, que quisiera conectar con la idea de la sintaxis desarrollada por Bensusan en su libro. Para Bensusan, el ocultamiento mnémico como ausencia, como presencia no-plena, de todas formas, se disemina en trazos e iteraciones que permiten un proceso indeterminado de retención y recuperación:

«Posiblemente entonces, hay una sintaxis, tal vez un exceso de ella, para cada archivo, para cualquier cosa que se consigne a la retención. Mientras que una línea Davidsoniana asumiría que debe haber un contenido para aquello que se retiene en una creencia, la línea Derrideana más bien concebiría una sintaxis de trazos. El contenido en sí se almacena únicamente con respecto a una operación especifica de recuperación -esto es parte de la orfandad de la memoria» (Bensusan, 2025, p. 35).

Se podría pensar entonces que la recuperación de aquello retenido a través de trazos subterráneos a determinadas narrativas de producción es lo que permite, a partir de una práctica anterior a una adjudicación indexical que enuncia algún tipo de creencia, un modelo de ético que permitiría una concepción amplía de justicia. Dicha concepción amplía de justicia sería anastrófica en tanto aún no se permite ser presente ni tampoco aspira a ser transparente a sí misma, pero que sin embargo desencadena su propia construcción a través de series temporales que no son lineales. Cito nuevamente a aquí a Bensusan:

«Tanto la verdad como la justicia responden a aquello que se retiene, y ambos están en deuda a los eventos y demandas que darán la pauta a las indagaciones y ensamblajes por venir» (Bensusan, Ibid, p. 97).

Si bien Bensusan en esta veta ética hace bien en exorcizar una mediación cognitiva Davidsoniana en donde se inscribe una expresión a un nivel de inteligibilidad determinada como creencia robusta que implica a su vez una presencia develada que hace caso omiso al ocultamiento mnémico del no-sujeto racial, se podría pensar también que la lógica subyacente a los ensamblajes de la memoria en juego que propone Bensusan no son antagónicos a lógicas o razones que permiten una trazabilidad. Más bien, se podría pensar hay una trazabilidad correspondiente a una lógica evanescente sin que se establezca una dependencia jurídica a una presencia plena, y sin que nos percatemos de ella o no, siguiendo los fantasmas persistentes de Aristóteles y Wittgenstein en tanto los ensamblajes de memoria permiten una serie de prácticas de recuperación que son anteriores a una expresión o creencia sin que estas estén desprovistas de conceptos o mediaciones en algún nivel. Dichos ensamblajes son trazados a través de una mediación pragmática, que si bien se desenvuelven bajo la producción como exceso y el trabajo abstracto (que sería un trabajo ateoleológico de recuperación-modificación y no un trabajo forzado) no renuncian a entidades como la de existentes menores (Bensusan, Ibid, p. 107), que son conjuradas a través de la latencia de un índice, es decir, de una indicación previa a una expresión. Siguiendo aquí a McDowell:

«La imagen es que la ética involucra requerimientos de la razón que están ahí sea que lo sepamos o no, y nuestros ojos se abren ante ellos con la adquisición de una “sabiduría práctica”. Entonces, la “sabiduría práctica” es un tipo de cosa adecuada que sirve como modelo para el entendimiento, la facultad que permite que podamos crear y reconocer el tipo de inteligibilidad que es un asunto de colocación en el espacio de las razones» (McDowell, 1994, p. 79).

Por lo tanto, al cerrar la brecha entre McDowell y Bensusan se podría pensar que aquella sabiduría práctica es aquella ejercida por los existentes menores que subyace la composición de una justicia y ética anastróficas. No hay obligación a acceder al juego de la presencia para que seamos escuchados o leídos, ya que los existentes menores desplegamos y nos dispersamos en un campo (más que un espacio cercado) de razones, usando pautas sintácticas en exceso que permiten su propia iteración indefinida. Para juntar una triada, traigamos ahora a colación a Derrida que expone en Voz y Fenómeno la necesidad de la ausencia, necesidad que pone en cuestión cualquier antagonismo a un posible desenvolvimiento e iteración dentro de un campo de razones en donde se busca justicia -y que aquí podría pensarse como propiamente post-Sellarsiano-:

«La ausencia es requerida radicalmente: la ausencia total del sujeto y del objeto del enunciado -la muerte del escritor y/o la desaparición de los objetos que ha podido describir- no previenen que un texto ‘signifique’ <vouloir-dire>. Al contrario, esta posibilidad da luz al significado <vouloir-dire> como tal, lo entrega a ser escuchado y ser leído» (Derrida, 2011, p. 79)

Conclusión: Exceso, viraje, evento

Para finalizar, quiero exaltar el cómo la economía de exceso de producción y el trabajo abstracto develados en el recuento sintáctico de Bensusan sería a fin de cuentas lo que permiten la lógica de adición n+1 de la que partimos, y cuyas consecuencias son el desencadenamiento de eventos como potencia de ráfaga cuyas consecuencias no pueden ser anticipadas. Siguiendo a Wittgenstein y los comentarios de Meredith Williams sobre este (Williams, 2010, p. 77-108), frente la reciente formalización de sistemas y plataformas que tienen como base definiciones ostensivas en cuyos participantes -plenamente identificables- solo responden a una serie de estímulos causales que se definen de antemano siguiendo pautas estadísticas, que encontramos en el uso y reproducción de los modelos extensos de lenguaje (LLMs) como DeepSeek, ChatGPT, etc., cabría preguntarnos y actuar sobre lo siguiente, citando a Meredith Williams:

«Más bien deberíamos ver como uno llega a ser participante de un juego de lenguaje…entonces, lo justo es que la pregunta semántica, aquello que fija el significado de una palabra (…) debe ser reemplazada por la pregunta genérica, ¿cómo llega uno a ser participante de una práctica?» (Williams, Ibid, p. 89)

Tal vez la respuesta a esta pregunta epistemológica, a una pregunta respecto a definiciones y actos pueda movilizarse políticamente a través de una ruta que quiebra el panorama de una economía restringida que se media a partir de actos y definiciones ostensivos. Nos corresponde como existentes menores, a partir del esbozo de una ruta de quiebre, recuperar aquello en retención, y trazar el ocultamiento mnémico que implica una práctica de justicia a partir de la lucha que converge en la división de trabajo cognitivo-pragmática entre existentes evanescentes y aquellos que se encargan de delimitar presencias. Por ello resalto aquí, y para cerrar, la importancia de los aditamentos que siguen la lógica del materialismo aleatorio del Althusser tardío, que Bensusan itera de la siguiente forma:

«Las adiciones pueden venir de cualquier dirección, como espectros que agitan el pasado y traen de vuelta aquello que se ha ido con niveles de intensidad que no pueden ser anticipados. Son un exceso a todo lo que hay» (Bensusan, 2025, p. 129).

Estas adiciones no anticipadas deforman una órbita supuestamente cercada, desatan una lógica de viraje que corresponde al evento o encuentro, incitando a que algo estalle en el horizonte a partir del trabajo abstracto como recuperación irrestricta e iteración indefinida. Como cita final, aquí Bensusan menciona que: «un viraje es un cambio a una órbita delimitada» (Bensusan, Ibid, 77). Nuestros puntos de evento o encuentro diseminados en el uso de las herramientas de ensamblaje de la memoria expuestas aquí nos permitirían potencialmente abolir las leyes de valor/uso que nos condenan a ser súbditos ocultos de las lógicas de producción capitalista, trazando una estallido político-estético por venir como respuesta al neomedievalismo político que se asoma.


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